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viernes, 19 de marzo de 2010

Sobrevivir al "Vampiro"

Robert Pattinson asegura haber encontrado la solución para pasar desapercibido: dejarse barba. "Funciona. El otro día, en un bar, un tío me dijo que me parecía al tipo de Crepúsculo. Que tenía que ir a ver las películas", explica. Da apuro desengañarle. Hoy luce barba rubia y gorra de béisbol. Un uniforme anti paparazzi clásico que difícilmente le hará invisible.


Este londinense de 23 años ha tenido que digerir la fama a marchas forzadas. Hasta hace un par de años vivía de las rentas que le dio el pequeño papel de Cedric Diggory, el guapito de Hogwarts, en dos de las películas de Harry Potter. Era un chico de colegio caro, con una familia estable, que pasaba el rato en pubs y tocando la guitarra. A punto estaba de dejar la interpretación cuando le llamaron para un casting en Los Ángeles de la esperada adaptación de la saga vampírica de Stephenie Meyer.

Cinco mil candidatos aspiraban a ser el irresistible chupasangres Edward Cullen. La directora Catherine Hardwicke no se quedó con ninguno: "Vi montones de chicos guapos. Ése era el problema. Parecían el típico niño mono de instituto. Ninguno daba la impresión de venir de otro tiempo o de otra época", ha declarado Hardwicke.

Pattinson no había leído Crepúsculo y no tenía ni idea del culto alrededor de las novelas. Compró un billete de avión de su bolsillo y durmió en casa de su agente. Se tomó un valium antes de la prueba, pero algo conectó entre él y la ya contratada Kristen Stewart. "Cuando se conocieron, pudimos sentir una química muy fuerte. Pura electricidad", comentó Hardwicke. Pattinson consiguió el papel. Ni se imaginaba lo que se le vendría encima.

De la noche a la mañana, se vio perseguido por mujeres gritonas, acosado por fotógrafos, inmerso en verdaderas estampidas. Tuvo que aprender a vivir encerrado en hoteles y a salir sólo de noche. Ironías de la vida, interpretar a un vampiro le hizo vivir como uno: "Nunca se me había ocurrido plantearlo así, pero es cierto. Es increíble la histeria y exageración que pueden desatarse", asegura con los ojos muy abiertos, como si atestiguaran horrores inenarrables.

La particularidad del efecto Pattinson es su alcance intergeneracional. A las predecibles seguidoras adolescentes se unen grupos de adultas desatadas, las llamadas Twilight Moms, que gracias a Edward y Bella (los enamorados encarnados por Pattinson y la mortal Stewart) reviven las fantasías y calores de la pubertad. Hasta las más curtidas profesionales no pueden resistirse: Camilla Long, ácida periodista del diario The Times, anunció emocionada en Twitter que consiguió robar un beso al actor durante una reciente entrevista.

"Las más piradas son las de veintitantos, las que todavía se creen adolescentes", explica el actor entre risas. Enseguida recula: "La verdad es que hay pocas que estén realmente locas. He tenido contadas malas experiencias. Son sólo chicas que acampan durante días para hacer vida social. Para ellas soy algo así como una excusa. Es gente que viene de pueblos y viaja a la gran ciudad por primera vez". Pronuncia "gente" como si se refiriera a criaturas extraterrestres. "Se sienten seguras porque se rodean de personas con sus mismas aficiones".

Pero la súbita notoriedad también trae consecuencias positivas. El gancho de Crepúsculo le ha convertido en uno de los profesionales mejor pagados del cine. Según la lista de Vanity Fair, en 2009 ganó unos 18 millones de dólares, lo que le sitúa dos puestos por encima de Brad Pitt en el top de ingresos en Hollywood. Y según la actriz Anna Kendrick (que ha pasado de amiga mojigata de Bella en Crepúsculo a flamante nominada a un Oscar por Up in the air), el británico es el único actor que puede poner celoso a George Clooney.

En persona, Pattinson es un educado veinteañero de risa nerviosa, todavía avergonzado de ser el centro de atención. Tiende a definir muchas cosas como "raras" y, como a todo buen británico, el autobombo y los aspavientos le resultan embarazosos. Mucho se ha escrito sobre su supuesta fobia a la ducha, pero en esta ocasión tiene un aspecto fresco y huele a limpio.

Presenta su último trabajo, Recuérdame, un drama romántico situado en el Nueva York anterior al 11-S. Interpreta a un niño bien torturado por el pasado que se enamora de una compañera de universidad (Emilie de Ravin, la mamá primeriza de Perdidos). Pronto descubrirá que les unen tragedias similares. Eligió el proyecto atraído por su realismo: "Acepté antes de empezar Crepúsculo. Sabía que tenía que hacer varias pelis de una saga fantástica y me gustó la idea de un personaje y una historia tan reales. Verla es como observar un pedazo de la vida de una familia".

Recuérdame no será el título que muestre una nueva faceta de Pattinson. El actor pasa los 113 minutos de metraje puliendo una expresión de angustia existencial parecida a la del sensible vampiro Edward. Y fumando como un carretero. "Que un protagonista fume es insólito. Pero lo que resulta más raro es que ésa será la parte más polémica del filme. Para mí es un detalle realista. Todos los chicos de veintipocos años fuman". Pattinson admite reticente que él también es fumador.

En Recuérdame, ¡por fin!, hay sexo con su coprotagonista. Sin embargo, es improbable que estas escenas consigan poner a las espectadoras tan cardiacas como los momentos de pasión no consumada de Crepúsculo. Pattinson no notó la diferencia: "Para mí es algo parecido. Tienes que mostrar las mismas emociones. Cuando realmente amas a una persona y te acuestas con ella, siempre quieres dar algo más que sexo". En la esquina, su representante carraspea: ¿un gesto censor o mera casualidad?

Su primera experiencia sexual —cinematográfica— tuvo lugar en Sin límites, una producción rodada en España que indaga en la relación entre Dalí y Lorca. El Pattinson prevampírico interpretó al pintor surrealista y declaró que las escenas de sexo, "rodadas en abierto con los eléctricos españoles riéndose para sus adentros", le resultaron incómodas. También informó de que el presupuesto era tan bajo que los actores no tenían "ni tráileres". Se le pidieron explicaciones y una disculpa.

En el mundo de Robert Pattinson, donde todo se saca de quicio y las nimiedades se convierten en exclusivas, es útil aprender el arte de decir sin decir y explicar sin mojarse. Y es que, pese a la ausencia de escándalos en su corta carrera, de que su pasado hasta puede calificarse de aburrido, los mentideros se las arreglan para producir un constante goteo de noticias.

La más persistente es que mantiene un tormentoso romance con su pareja en Crepúsculo, Kristen Stewart. La directora avivó las especulaciones declarando a Time que había aconsejado a Pattinson no involucrarse sentimentalmente con Stewart, por entonces menor de edad. "No quería responsabilidad sobre algo que finalmente sucedió". Ambos actores niegan que estén o hayan estado juntos.

Puede que su próxima película dé un poco de variedad a sus titulares. Rueda junto a Uma Thurman Bel Ami, una adaptación de la novela de Guy de Maupassant. "Nunca había leído literatura francesa, y ahora estoy muy interesado. Es increíble que la novela sea de 1885 y todavía resulte moderna". Pattinson pondrá cara a Georges Duroy, un seductor sin escrúpulos que trepa en la alta sociedad parisién. Está emocionado con ser el malo de la película: "Es una comedia muy oscura, del tipo que normalmente no encuentras. La historia me resulta muy divertida. Aunque probablemente los demás no le vean la gracia".

Ha firmado un contrato de cuatro películas de Crepúsculo. La tercera, Eclipse, se estrenará el 30 de junio, y se baraja que el último libro, Amanecer, se divida en dos filmes. Si la cosa se alarga en exceso, Pattinson puede quedarse tan estancado como su vampiro centenario de 17 años. ¿No querría un cambio, estudiar, hacer otra cosa? "A lo mejor…", dice con el tono de quien se abruma con la toma de decisiones. "No sé si quiero actuar toda mi vida".

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